Cada invierno ocurre lo mismo. Empiezan a bajar las temperaturas y parece que los resfriados se multiplican. En casa, en el trabajo, en el colegio o en el transporte público, siempre hay alguien tosiendo o sonándose la nariz.
Muchas personas llegan a pensar que tienen las defensas bajas porque encadenan varios resfriados entre noviembre y marzo. Sin embargo, en la mayoría de los casos no existe un problema importante de inmunidad. Lo que suele ocurrir es que acumulamos una serie de hábitos cotidianos que, sin darnos cuenta, hacen que nuestro organismo sea más vulnerable frente a los virus respiratorios.
La buena noticia es que muchos de estos factores pueden corregirse fácilmente.
Dormir menos de lo que tu cuerpo necesita
Si hubiera que elegir un único hábito capaz de influir directamente sobre nuestras defensas, probablemente sería el sueño.
Durante la noche, el organismo activa numerosos mecanismos de reparación y regulación inmunitaria. Dormir poco o hacerlo con mala calidad reduce la capacidad del cuerpo para responder frente a virus y bacterias.
Lo más curioso es que no hace falta sufrir un insomnio grave para que aparezca este efecto. Acostarse tarde durante semanas, dormir menos de siete horas o despertarse varias veces durante la noche puede afectar al sistema inmunitario.
Algunas recomendaciones sencillas son:
- Mantener horarios regulares.
- Evitar pantallas durante la última hora del día.
- Cenar de forma ligera.
- Mantener una temperatura adecuada en el dormitorio.
El exceso de calefacción también influye
Muchas personas se sorprenden al descubrir que el problema no siempre está en el frío exterior.
Durante el invierno pasamos muchas horas en espacios cerrados con calefacción. El ambiente se vuelve más seco y las mucosas de la nariz y la garganta pierden parte de su capacidad protectora.
Estas mucosas son la primera barrera frente a los microorganismos. Cuando se resecan, los virus encuentran más facilidades para entrar en el organismo.
Para evitarlo:
- Mantén una temperatura interior moderada.
- Ventila la vivienda todos los días.
- Utiliza humidificadores si el ambiente es muy seco.
- Bebe agua con frecuencia aunque no tengas sensación de sed.
Pasamos demasiado tiempo en espacios cerrados
El invierno favorece una costumbre que aumenta notablemente el riesgo de contagio: permanecer durante horas en lugares poco ventilados.
Oficinas, aulas, centros comerciales, gimnasios o transporte público reúnen a muchas personas compartiendo el mismo aire durante largos periodos de tiempo.
Por eso es importante ventilar las estancias diariamente, incluso cuando hace frío. Bastan unos minutos para renovar el aire y reducir la concentración de virus en suspensión.
La vitamina D también juega un papel importante
Durante los meses de invierno recibimos menos horas de luz solar y pasamos más tiempo en interiores.
La vitamina D participa en múltiples funciones del organismo, incluida la regulación del sistema inmunitario. Aunque la exposición solar no es el único factor que influye en sus niveles, durante esta época es frecuente que muchas personas presenten valores insuficientes.
Pescados azules, huevos y lácteos enriquecidos pueden ayudar a mejorar la ingesta, aunque en algunos casos puede ser recomendable valorar la necesidad de suplementación.
El estrés después de las fiestas existe
Enero no siempre es un mes sencillo.
Tras las vacaciones navideñas aparecen las prisas, la vuelta a la rutina, los gastos acumulados y los nuevos propósitos. Todo ello genera un aumento del estrés que puede afectar directamente a nuestras defensas.
Diversos estudios han demostrado que el estrés mantenido altera la respuesta inmunitaria y aumenta la susceptibilidad frente a infecciones comunes.
Dedicar tiempo al descanso, caminar al aire libre, practicar ejercicio moderado o simplemente reservar momentos para desconectar puede tener un efecto más importante del que imaginamos.
Pequeños hábitos que marcan la diferencia
Cuando pensamos en fortalecer nuestras defensas solemos buscar soluciones rápidas. Sin embargo, los cambios más efectivos suelen ser los más sencillos:
- Dormir mejor.
- Mantener una alimentación equilibrada.
- Realizar actividad física de forma regular.
- Ventilar los espacios cerrados.
- Mantener una buena hidratación.
- Controlar el estrés diario.
Las defensas no dependen de una única vitamina ni de un producto concreto. Son el resultado de muchos hábitos acumulados día tras día.
Si tienes dudas sobre cómo reforzar tu sistema inmunitario durante el invierno o quieres conocer qué suplementos pueden ayudarte según tu situación personal, en Farmacia Sada estaremos encantados de orientarte. Porque muchas veces, la mejor forma de prevenir un resfriado empieza mucho antes de notar los primeros síntomas.
