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Dermatitis, Piel Sensible, Piel Sensibilizada, Piel Atópica…

Se acerca un nuevo cambio de temporada, tu piel sufre, evoluciona a otro estado. Pero cuando notas cambios, ¿sabes exactamente a qué te enfrentas?

Los términos dermatitis, eccema o piel atópica parece que se han generalizado en los últimos años. No sin razón, puesto que desde la Foundation Dermatite Atopique afirman que en los últimos 30 años en los países industrializados se han triplicado los casos de dermatitis atópica (la padecen el 20% de los niños menores de 7 años y el 10% de los adultos) …

Muchas veces el autodiagnóstico nos hace confundir las dolencias, mezclar síntomas y posibles soluciones. Y ten siempre presente que tu especialista es quien te puede realmente ayudar ante estas dudas.

 

Dermatitis

Supone una inflamación con síntomas visibles como irritación, tirantez, picor o descamación.

Ante esta situación tienes que buscar productos adecuados a tu dermis con texturas finas y una reducida lista de ingredientes fisiocompatibles que se olviden de los conservantes, los parabenos y los perfumes. Un truco es buscar cosmética que incluya solo lo que realmente necesitas a través de fórmulas de limpieza y de cremas hidratantes con activos emolientes (reparan la barrera cutánea) y calmantes.

 

Piel sensible

Es una dermis que reacciona de un modo exagerado a factores habituales, tanto internos como externos (pueden ser por la exposición al sol o al viento, por cambios de temperatura, por diversos cosméticos, por un exceso de estrés…).
No se trata de un tipo de piel (grasa, mixta, normal o seca), sino que es una afectación temporal y cualquiera verse afectado por esta sensibilidad. Sus síntomas son más subjetivos como hormigueo, sensación de quemazón, falta de confort o tirantez, y lo idóneo es descubrir por qué se produce (en muchos casos es porque la barrera cutánea está dañada). Mientras encuentras el foco del problema, utiliza cremas con acción hidratante y calmante.

 

Piel sensibilizada

Es aquella que reacciona frente a un estímulo (interno o externo) mediante sus defensas como es la inflamación.
Estos signos resultan muy visibles y se manifiestan con rojeces, descamación o sensación de tirantez. Resgtablece los mecanismos fisiológicos de defensa de la dermis con activos antiinflamatorios y calmantes.

 

Piel atópica

Es una enfermedad crónica, caracterizada por manifestaciones inflamatorias cutáneas. Se trata de una dermatosis inflamatoria crónica que evoluciona por brotes con periodos de remisión. Los factores que la desencadenan son hereditarios (si uno de los padres la sufre, un hijo tiene hasta un 50% de posibilidades de padecerla), cutáneos (cuando la barrera de la piel está afectada), inmunitarios, medioambientales (el contacto con alérgenos en el aire o en los alimentos) o el propio estrés.

¿Sus síntomas? Los principales son prurito, xerosis (sequedad) e inflamación.
Pero hay diferencias entre cómo se manifiesta en bebés (con fuertes brotes en el rostro y el tórax), en niños (piel reseca, agrietada y con eccemas en los pliegues y las manos) o en adultos (aparecen xerosis y prurito intensos tanto en las manos como en los tobillos).

Los cuidados emolientes deben ser constantes después de limpiarla. Además, el momento de la ducha es esencial pues deben ser cortas y realizarse con agua templada (nunca por encima de los 35º), con fórmulas suaves (sin jabón y preferiblemente en gel o aceite) y sin esponja que pueda dañar la piel.

¿Otros cuidados? Estas pieles no deben frotarse, lo ideal es secarlas con una toalla suave a ligeros toques. Respecto a la ropa, apuesta por tejidos como el algodón y si evitas las lanas y los sintéticos, tu dermis te lo agradecerá.

 

Fuente: Vanitatis El Confidencial