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En los últimos años, la proliferación de productos dermocosméticos que se han incorporado a nuestra rutina facial es notable. Productos que cumplen una función concreta sumando y mejorando resultados… pero que, sin embargo, no han desbancado a la tradicional crema facial.

 

¿Qué aportan los sérums y ampollas y qué aportan las cremas?

Los sérums y ampollas tienen mayor cantidad de activos específicos, reafirmantes, reestructurantes, antioxidantes y despigmentantes, entre otros. Además de un excipiente ligero, de rápida absorción, para que los activos penetren al máximo.

 

Las cremas, que también pueden contener activos específicos, pero generalmente en menor proporción, tienen como principal función hidratar de forma duradera y proteger la piel, creando además una barrera invisible y reduciendo la pérdida transepidérmica de agua.

 

Es decir: el sérum y la ampolla, en términos cosméticos, “tratan” y la crema “hidrata y protege”. Son entonces complementos inseparables. 

 

Además, las fórmulas de las cremas, ya sean emulsiones W/O (agua en aceite) o O/W (aceite en agua), nos permitirán descubrir que existen texturas más o menos ricas que se adaptan a cada piel. Las cremas faciales pueden además aportar otras barreras de protección como son los filtros solares, ya sean químicos y/o físicos, y compuestos destinados a impedir que las moléculas contaminantes se adhieran a la piel y la agredan.

 

Las cremas específicas para uso nocturno aportan nutrición e hidratación intensiva junto con activos específicos para potenciar el sistema de renovación natural que tiene lugar durante las horas de sueño.

 

De este modo, incluso el producto más activo precisará de una crema facial a continuación como último paso de la rutina de cuidado facial, tanto por la mañana como por la noche, durante todo el año.

 

¿Se debe de elegir una crema de tratamiento según la edad?

La piel es un órgano en constante evolución que muestra sus carencias y desequilibrios no solo en base a su edad, sino a sus propias circunstancias. Nuestra alimentación, los hábitos de vida, las agresiones a las que se ve sometida y los cuidados que le dedicamos son los que determinarán su estado general, sumados a los cambios ligados a su edad cronológica. Lo que solemos llamar “signos de la edad”: arrugas, pérdida de firmeza, menor luminosidad, manchas…

 

De este modo, una piel de 20 años no necesitará el mismo tipo de cremas que precisa una de 60 debido a que sus niveles de producción de colágeno, elastina y secreción sebácea se encuentran en su etapa de máxima producción; requerirá un producto con propiedades hidratantes pero una composición y textura más ligeras.

 

Y, sin embargo, no es una regla general y, siendo así, una piel madura puede ser grasa o incluso necesitar una crema que mantenga a raya el acné, y una joven mostrar signos de envejecimiento prematuro. Por tanto, las cremas se deben elegir teniendo en cuenta la realidad y necesidades de nuestra piel al margen de su edad.

 

Entonces, ¿qué crema facial elegir?

Contar con asesoramiento profesional, apoyado en un análisis de la piel es vital para encontrar el tratamiento que mejor se adapten a las necesidades de la piel.

En Farmacia Sada, siempre estamos a tu disposición para hacerlo y hemos preparado una jornada muy especial para que descubras los productos que mejor se adaptan a ti.

 

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Fuente: Martiderm