¿Duermes peor cuando hace calor? Claves para descansar bien en las noches de verano

Ventanas abiertas, una pierna fuera de la sábana, vueltas en la cama, despertares para beber agua… Si durante las noches más calurosas del verano tienes la sensación de dormir peor, no es solo una impresión.

La temperatura desempeña un papel importante en el sueño. Para conciliarlo, nuestro organismo reduce ligeramente su temperatura interna. Cuando el ambiente es demasiado cálido, este proceso puede resultar más difícil y el descanso puede volverse más fragmentado.

El resultado suele aparecer a la mañana siguiente: cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarse y esa sensación tan característica de haber dormido varias horas, pero no haber descansado realmente.

La buena noticia es que podemos hacer bastante para mejorar la situación.

¿Por qué el calor nos despierta?

Durante la noche atravesamos diferentes fases del sueño. Una temperatura ambiental elevada puede dificultar tanto conciliarlo como mantenerlo de forma continuada.

Además, en verano se juntan otros factores: nos acostamos más tarde, cenamos a horas diferentes, salimos más, modificamos nuestras rutinas y, en ocasiones, consumimos más alcohol. No siempre podemos culpar únicamente al termómetro.

Por eso, dormir mejor empieza bastante antes de meternos en la cama.

Prepara el dormitorio durante el día.

Un error frecuente consiste en intentar enfriar una habitación que lleva acumulando calor desde primera hora de la mañana.
En las horas de mayor temperatura puede resultar útil mantener persianas o cortinas cerradas si reciben sol directo. Cuando refresque en el exterior, podemos aprovechar para ventilar y favorecer la circulación del aire.

Si utilizas aire acondicionado, tampoco es necesario convertir el dormitorio en pleno agosto en una habitación de invierno. Un ambiente confortable y sin cambios bruscos de temperatura suele ser suficiente.

Ventiladores y aire acondicionado no deberían dirigirse continuamente hacia la cara o el cuerpo durante toda la noche, ya que pueden favorecer sequedad de garganta, ojos o mucosas en algunas personas.

La ducha puede ayudar, pero no hace falta que esté helada

Ducharse antes de acostarse puede proporcionar una agradable sensación de frescor y formar parte de nuestra rutina de relajación.
Sin embargo, una ducha extremadamente fría no es necesariamente mejor. El contraste puede resultar estimulante y nuestro organismo tratará posteriormente de compensar el enfriamiento.

Una ducha templada o ligeramente fresca suele resultar mucho más agradable.

Cuidado con las cenas de verano

Una terraza y una cena tardía forman parte de los pequeños placeres del verano, pero una comida muy abundante justo antes de acostarnos puede complicar la digestión y dificultar el descanso.

En las noches especialmente calurosas podemos optar por cenas más ligeras y dejar cierto margen antes de ir a la cama.

También conviene prestar atención al alcohol. Aunque inicialmente puede producir somnolencia, puede empeorar la calidad del sueño y favorecer los despertares nocturnos.

Y sí, debemos hidratarnos… pero beber una enorme cantidad de agua justo antes de acostarnos probablemente terminará provocando varias visitas al baño. Es preferible mantener una hidratación adecuada durante todo el día.

El pijama y las sábanas también importan

En verano buscamos facilitar la pérdida de calor.

Algunos pequeños cambios pueden ayudar:

• Utilizar ropa de cama ligera y transpirable.
• Elegir prendas cómodas para dormir.
• Evitar tejidos que retengan demasiado calor o humedad.
• Cambiar las sábanas con suficiente frecuencia, especialmente si sudamos mucho.
• Mantener el dormitorio ventilado siempre que las condiciones exteriores lo permitan.

¿Y si me despierto a mitad de la noche?

Mirar constantemente el reloj suele ser una mala estrategia. Pensamientos como “solo me quedan cuatro horas para dormir” pueden aumentar la preocupación y hacer todavía más difícil volver a conciliar el sueño.

También es mejor evitar coger inmediatamente el teléfono móvil y empezar a consultar mensajes, noticias o redes sociales.

Si no conseguimos dormir, podemos intentar relajarnos, respirar lentamente y mantener un ambiente tranquilo y con poca luz.

Cuando el problema no es únicamente el calor

Dormir mal alguna noche durante una ola de calor es bastante diferente a padecer problemas de sueño de forma continuada.

Si la dificultad para conciliar o mantener el sueño se prolonga, afecta notablemente a nuestra actividad durante el día o aparece acompañada de ronquidos intensos, pausas respiratorias, ansiedad u otros síntomas, merece la pena consultarlo.

Tampoco es recomendable recurrir por nuestra cuenta y de forma continuada a productos para dormir pensando que todos son inocuos por el hecho de poder adquirirse sin receta.

En Farmacia Sada podemos orientarte sobre higiene del sueño y sobre las distintas opciones disponibles cuando necesitas una ayuda puntual, teniendo en cuenta otros medicamentos que tomes y tus circunstancias personales.

Porque en verano quizá no podamos bajar la temperatura de la calle, pero sí podemos poner un poco más fácil que nuestro cuerpo encuentre el descanso que necesita.