Rozaduras, irritaciones y sudor: cómo cuidar la piel cuando aprieta el calor

No hace falta sufrir una quemadura solar para que nuestra piel se queje en verano.

Hay otro problema mucho menos fotogénico, pero tremendamente habitual: las rozaduras. Muslos que se rozan al caminar, sandalias que empiezan a molestar, sujetadores que irritan debajo del pecho, axilas enrojecidas o pliegues de la piel que permanecen húmedos durante horas.

Calor + sudor + fricción es una combinación que nuestra piel no siempre lleva bien.

Y cuando aparece la irritación, algo tan sencillo como caminar puede convertirse en una auténtica molestia.

¿Por qué aparecen más rozaduras en verano?

Nuestra piel está preparada para soportar cierta fricción. El problema aparece cuando el roce es continuo y se combina con humedad.
El sudor mantiene la piel húmeda y puede hacerla más vulnerable a la fricción. Si añadimos ropa ajustada, largas caminatas, deporte o temperaturas elevadas, tenemos todos los ingredientes para que aparezca enrojecimiento, escozor e incluso pequeñas lesiones superficiales.

Las zonas de mayor riesgo suelen ser:
• Parte interna de los muslos.
• Axilas.
• Ingles.
• Debajo del pecho.
• Pliegues abdominales.
• Talones y otras zonas del pie.

No es una cuestión exclusiva del peso corporal. Las rozaduras pueden aparecer en personas de constituciones muy diferentes, especialmente al caminar o practicar deporte.

La mejor estrategia es adelantarse

Si sabes que determinada zona suele irritarse, no esperes a que aparezca la rozadura.

Los productos barrera o específicos contra la fricción pueden crear una película protectora que disminuya el contacto directo entre las superficies de la piel.

También puede ayudar utilizar ropa transpirable, evitar costuras que rocen continuamente y cambiarse las prendas húmedas después de hacer ejercicio o bañarse.

Para quienes caminan mucho durante las vacaciones, hacen senderismo o practican deporte, esta prevención puede marcar una enorme diferencia.

¿Ya tienes la piel irritada?

Lo primero es intentar eliminar temporalmente la causa de la fricción.
Limpia suavemente la zona y sécala sin frotar. En una piel irritada, pasar repetidamente una toalla puede aumentar todavía más las molestias.

Después podemos utilizar productos calmantes o reparadores adecuados al estado de la piel. Ingredientes utilizados habitualmente para favorecer el confort y la función barrera incluyen, dependiendo del producto, pantenol, zinc o determinados agentes hidratantes y reparadores.

Lo importante es observar la piel: una ligera irritación no requiere los mismos cuidados que una lesión abierta o una zona que presenta signos de infección.

El sudor también puede irritar sin que exista una rozadura clara

En determinadas zonas del cuerpo, el problema principal es la combinación de calor, humedad y poca ventilación.

Los pliegues cutáneos son especialmente sensibles. Mantenerlos limpios y secos ayuda a prevenir la maceración de la piel.

Eso no significa lavar continuamente la zona con productos agresivos. De hecho, ducharse repetidamente utilizando jabones fuertes puede alterar la barrera cutánea y empeorar la irritación.

Mejor una higiene suave, un buen secado y ropa que permita transpirar.

Los pies merecen un capítulo aparte

Sandalias, zapatos sin calcetines, largas caminatas turísticas y calor explican muchas de las ampollas y rozaduras típicas de las vacaciones.

Si notas que un zapato empieza a rozar, actuar antes de que aparezca la ampolla es mucho más efectivo que esperar a tenerla.

Podemos proteger el punto de fricción con apósitos adecuados y revisar el calzado. Si ya existe una ampolla, conviene mantenerla limpia y protegida. La piel que la recubre funciona como protección natural, por lo que no deberíamos arrancarla.

No todo enrojecimiento provocado por el calor es una simple rozadura

Este punto es importante.
Si una zona permanece húmeda durante mucho tiempo pueden aparecer problemas diferentes a una irritación mecánica, incluidas infecciones por hongos o bacterias.

Conviene consultar si observamos:
• Dolor que va aumentando.
• Heridas que no mejoran.
• Secreción o pus.
• Mal olor persistente.
• Enrojecimiento que se extiende.
• Picor muy intenso o lesiones que aparecen repetidamente.

También debemos prestar especial atención a las heridas y rozaduras en personas con diabetes o problemas circulatorios.
El verano está para caminar, viajar, bañarse y disfrutar, no para pasar el día pendiente de una rozadura.

Si cada año tienes problemas en la misma zona o no sabes qué producto utilizar para prevenirlos, acércate a Farmacia Sada. Podemos ayudarte a diferenciar una irritación sencilla de otros problemas de la piel y recomendarte el cuidado más apropiado para mantenerla protegida y confortable durante los meses de calor.