¿POR QUÉ NOS DUELE MÁS EL CUERPO CUANDO CAMBIA EL TIEMPO?
“Va a llover. Me lo dicen las rodillas”.
Seguro que alguna vez has escuchado una frase parecida. Incluso puede que seas tú quien asegura saber que va a cambiar el tiempo antes de consultar la previsión meteorológica.
Con la llegada del otoño, las temperaturas empiezan a bajar, aumenta la humedad y regresan algunas molestias que durante el verano parecían habernos dado una tregua.
Pero ¿realmente pueden las articulaciones predecir el tiempo?
La relación entre meteorología y dolor lleva años despertando interés. Aunque no podemos afirmar que el frío o la lluvia sean la causa de una enfermedad articular, algunas personas con artrosis, artritis u otros problemas musculoesqueléticos sí refieren cambios en sus síntomas coincidiendo con determinadas condiciones ambientales.
No es simplemente una cuestión de “tener frío”.
FRÍO, HUMEDAD Y PRESIÓN ATMOSFÉRICA
La explicación no es tan sencilla como decir que la humedad provoca dolor.
Se han investigado diferentes factores meteorológicos, entre ellos los cambios de temperatura, la humedad y las variaciones de la presión atmosférica. Los resultados científicos no son completamente uniformes y la sensibilidad parece variar considerablemente de una persona a otra.
Por tanto, si tus rodillas te avisan de que mañana lloverá, quizá no debamos utilizarlas todavía como sustituto de la aplicación del tiempo.
Pero tampoco hay que ignorar que muchas personas perciben claramente cambios en sus molestias.
EL OTOÑO TAMBIÉN CAMBIA NUESTRAS COSTUMBRES
Hay otro factor del que hablamos bastante menos.
Cuando llega el frío solemos movernos menos.
Pasamos más tiempo en casa, reducimos los paseos, abandonamos algunas actividades al aire libre y podemos permanecer muchas más horas sentados.
Y las articulaciones suelen agradecer precisamente lo contrario: movimiento.
La inactividad puede favorecer la sensación de rigidez, especialmente después de pasar mucho tiempo en una misma postura.
Por eso, antes de echar toda la culpa al termómetro, conviene preguntarnos: ¿me estoy moviendo igual que hace dos meses?
MOVERSE, INCLUSO CUANDO EXISTEN MOLESTIAS
Cuando algo duele, nuestra reacción natural es evitar moverlo.
Sin embargo, salvo que exista una lesión aguda o una indicación médica específica de reposo, mantener una actividad adaptada suele ser beneficioso para muchas molestias musculoesqueléticas.
No hablamos de entrenar intensamente.
Podemos empezar por:
• Caminar diariamente.
• Evitar permanecer demasiadas horas seguidas sentados.
• Realizar ejercicios suaves de movilidad.
• Mantener la musculatura activa.
• Adaptar el ejercicio a nuestra edad y condición física.
• Calentar correctamente antes de realizar actividades más intensas.
Una musculatura fuerte ayuda a sostener y proteger las articulaciones.
¿EL CALOR LOCAL PUEDE AYUDAR?
En determinadas molestias musculares o articulares, aplicar calor puede proporcionar una agradable sensación de alivio y reducir temporalmente la rigidez.
Existen bolsas térmicas, parches y otros productos diseñados para este fin.
Eso sí, el calor no debe aplicarse indiscriminadamente sobre cualquier dolor. Ante una lesión reciente con inflamación importante, por ejemplo, las recomendaciones pueden ser diferentes.
También debemos extremar la precaución en personas con alteraciones de la sensibilidad o problemas circulatorios, ya que podrían producirse quemaduras sin percibir correctamente la temperatura.
NO TODO SE SOLUCIONA CON UN ANTIINFLAMATORIO
Cuando reaparece un dolor conocido resulta tentador recurrir directamente al medicamento que utilizamos la última vez.
Sin embargo, los analgésicos y antiinflamatorios no están exentos de efectos adversos ni son adecuados para todo el mundo.
Algunos pueden interferir con otros tratamientos o estar desaconsejados en personas con determinadas enfermedades digestivas, renales o cardiovasculares.
Si necesitas recurrir a ellos frecuentemente, merece la pena consultar en lugar de acostumbrarse a convivir con el dolor y automedicarse.
¿CUÁNDO DEBEMOS PRESTAR MÁS ATENCIÓN?
Una molestia ocasional no es lo mismo que un dolor persistente o que aparece de forma repentina sin una explicación clara.
Conviene consultar si encontramos:
• Una articulación muy inflamada, caliente o enrojecida.
• Dolor intenso que aparece de forma repentina.
• Pérdida de movilidad importante.
• Dolor después de una caída o traumatismo.
• Fiebre acompañando a las molestias articulares.
• Dolor que persiste o empeora progresivamente.
También es recomendable valorar cualquier cambio significativo en un dolor crónico que hasta ese momento estaba controlado.
ESCUCHA A TUS ARTICULACIONES, PERO NO SOLO PARA SABER SI VA A LLOVER
El otoño puede hacer que algunas personas sean más conscientes de sus molestias articulares, pero no debemos asumir que sentir dolor durante meses forma parte inevitable de cumplir años.
Moverse, mantener un peso adecuado, cuidar la musculatura y consultar cuando aparecen síntomas persistentes son medidas mucho más importantes que cualquier cambio meteorológico.
Si con la llegada del frío reaparecen tus molestias, en Farmacia Sada podemos orientarte sobre medidas de alivio, productos de aplicación local y el uso adecuado de analgésicos cuando estén indicados, además de recomendarte consultar con tu médico cuando los síntomas requieran una valoración más profunda.
Y si tus rodillas aciertan con la próxima lluvia… puedes seguir presumiendo de ello. Pero mejor que sea mientras las mantienes activas.
